Antes de tomar la carretera, conviene separar lo que se repite en la conversación de estacionamiento de lo que realmente ayuda a cuidar el auto y a gastar menos combustible. Presión de neumáticos, calidad de la bencina, aire acondicionado y una revisión previa pesan más de lo que parece.

Septiembre 2026. Salir de la ciudad cambia el ritmo del auto y, con ello, aparecen las dudas de siempre: ¿conviene bajar las ventanas o usar el aire? ¿Sirve cargar más octanaje? ¿Hay que mirar los neumáticos aunque “se vean bien”? ¿Rinde igual la ciudad que la ruta? ¿Vale la pena pasar por el taller antes de partir?

Francisco Labbé, Gerente de Ingeniería de Copec, resume el panorama con claridad: “En el rendimiento de un auto influyen una serie de factores, como la presión de los neumáticos, la mantención, la forma de conducir y, por supuesto, la calidad del combustible que se utiliza. Muchas veces se habla solo del octanaje, pero para el cuidado del motor también importan la formulación, los aditivos y los hábitos de manejo. Entender eso ayuda a tomar mejores decisiones antes de salir de viaje, cuidar el vehículo y hacer más eficiente el uso del combustible”.

A continuación, un repaso de mitos y realidades útiles para quienes se preparan a salir de la ciudad.

¿Bajar las ventanas en la carretera ahorra más combustible que usar el aire acondicionado?

Mito. A velocidades de carretera, andar con las ventanas abajo genera más resistencia al viento que usar el aire acondicionado, y eso hace que el motor trabaje más. En rutas largas, conviene subir las ventanas y usar el aire con moderación: ni a tope todo el viaje ni con el habitáculo convertido en un túnel de viento.

En trayectos urbanos a baja velocidad la ecuación puede ser distinta, pero en la ruta el aerodinamismo pesa. Subir los vidrios, regular la temperatura con sentido común y evitar abrir y cerrar ventanas a cada rato es una forma simple de no pelear contra el aire.

¿La calidad del combustible influye en el cuidado del motor?

Realidad. La calidad del combustible puede influir en el desempeño y en el cuidado del motor. Una buena formulación y el uso de aditivos adecuados ayudan a mantener más limpio el sistema de inyección, mejorar la combustión, reducir las emisiones y evitar la acumulación de residuos que, con el tiempo, pueden afectar la respuesta del vehículo.

Además de usar el octanaje recomendado por el fabricante, importa elegir combustibles formulados con aditivos de alto desempeño y estándares internacionales exigentes, como TOP TIER™+, orientados a mayor limpieza, protección y desempeño del motor en el tiempo.

¿Cargar bencina de mayor octanaje mejora el rendimiento del motor?

Mito, salvo que el auto lo requiera. El octanaje indica qué tan bien resiste el combustible a la compresión antes de encenderse dentro del motor (capacidad antidetonante). Cada vehículo está diseñado para funcionar de forma óptima con un octanaje específico: lo importante es usar el que recomienda el fabricante en el Manual de Usuario, no necesariamente el más alto disponible en la surtidora.

Lo que sí influye en el rendimiento y en la limpieza del motor es la calidad del combustible: su formulación y los aditivos que ayudan a evitar residuos en el sistema de inyección. De ahí la recomendación de preferir combustibles que cumplan estándares internacionales de desempeño, como TOP TIER™+.

Si el manual pide 95 y cargas 93 “porque está más barata”, no estás ahorrando de verdad: el motor puede trabajar fuera de su punto óptimo. Y si el auto no exige 98, pagar más octanaje tampoco garantiza magia en el consumo.

¿La presión de los neumáticos solo hay que revisarla cuando se ven “bajos”?

Mito. Un neumático puede estar con presión baja sin que se note a simple vista. Eso aumenta el consumo de combustible, desgasta más rápido la goma y resta seguridad, sobre todo en curvas o frenadas. Especialmente antes de un viaje largo conviene revisar y ajustar la presión, se vean bajos o no.

La referencia práctica está en el lateral del neumático o, mejor aún, en la etiqueta del fabricante del auto (marco de la puerta del conductor o tapa del estanque): esa es la presión recomendada en frío, no la máxima impresa en el flanco. Revisar con el auto frío —antes de salir o tras pocas cuadras— evita lecturas engañosas. En viajes con carga completa (familia, maletas, portaequipaje) vale la pena confirmar si el fabricante sugiere una presión distinta para esa condición.

Un check rápido en una estación de servicio o con un manómetro propio toma minutos y puede marcar la diferencia entre un viaje tranquilo y un desgaste prematuro o un consumo que no cuadra.

¿Rinde lo mismo manejar en ciudad que en carretera?

Mito. El rendimiento cambia mucho según el tipo de conducción. En ciudad, el auto consume más porque está constantemente partiendo, frenando, acelerando y funcionando en tacos o semáforos. En carretera, en cambio, el motor puede trabajar de forma más estable, lo que generalmente permite un mejor rendimiento por litro.

Más que fijarse solo en cuántos kilómetros se recorren, importa en qué condiciones se manejó. Un mismo auto, con el mismo combustible, puede rendir distinto si se usa en trayectos urbanos cortos, en tráfico intenso, en viajes largos a velocidad constante o con cambios bruscos de ritmo (aceleraciones fuertes o velocidades excesivas). Todos estos factores pueden incidir en hasta un 30% de diferencia en el rendimiento.

Conducción anticipada —mirar lejos, soltar el acelerador a tiempo, evitar el “yo-yo” entre freno y gas— es uno de los hábitos más baratos y efectivos para acercarse al rendimiento que promete la ficha técnica.

¿El mantenimiento antes de un viaje realmente afecta el consumo de combustible?

Realidad. Un filtro de aire sucio, bujías desgastadas o el aceite fuera de su período de uso pueden hacer que el auto consuma más de lo normal y, además, aumentan el riesgo de una falla a mitad de camino. Una revisión general antes de salir evita sorpresas y ayuda a que el auto rinda mejor.

Antes de un fin de semana largo o de vacaciones, un checklist breve suele bastar:

  • Niveles de aceite, refrigerante y líquido de frenos.
  • Estado de luces, limpiaparabrisas y batería.
  • Filtro de aire y fecha de la última mantención.
  • Neumáticos (presión y desgaste) y, si corresponde, el de repuesto.
  • Documentación al día y kit básico (chaleco, triángulos, herramientas).

No se trata de armar un taller en el garage: se trata de detectar a tiempo lo que en ciudad se tolera y en ruta se convierte en un problema.

Lo esencial para viajar más tranquilo

Más allá de los mitos, el buen desempeño en carretera parte de hábitos simples: revisar lo esencial antes de salir, elegir combustible con estándares internacionales y mantener una conducción atenta durante el trayecto. Son medidas concretas que aportan seguridad y tranquilidad, y que también pueden generar un ahorro significativo de combustible en viajes de grandes distancias.

Francisco Labbé, de Copec, cierra con una recomendación general: “No hace falta ser experto en mecánica para viajar tranquilo. Basta con revisar el auto antes de salir, manejar de forma anticipada y elegir combustibles de máxima calidad. Son detalles simples, pero que pueden hacer la diferencia en un viaje”.

En la práctica, eso se traduce en planificar la salida con tiempo, no saltear la presión de los neumáticos, respetar el octanaje del manual y no confiar solo en lo que “se ve” desde afuera. La ruta premia al auto bien preparado… y al conductor que no deja todo para el último minuto.